Mediterráneamente por Oscar Gómez (decuina.net)

¿Qué es para ti mediterráneamente? Esta es la pregunta que estamos haciendo a algunos de los bloggers gastronómicos más activos de la red.

Inauguramos la sección con Oscar Gómez, autor del blog decuina.net. En el post, repasa recuerdos de infancia relacionados con el Mediterráneo que marcaron a toda una generación.

Autor: Oscar Gómez (starbase)
Foto: Oscar Gómez (starbase)
Blog: decuina.net

Cantaba Serrat “Quizá porque mi niñez sigue jugando en su playa”. Primer tópico en la frente, pero a ver quién es el guapo que me discute que es justo y necesario. Ya nos lo descubrió San Ferran con sus deconstrucciones: lo que funciona es apelar al hipotálamo de la memoria, rescatar la emoción del pasado para pintar el momento presente. No es sólo una técnica eficaz, es también, en cierto modo, un ejercicio de sinceridad inevitable. Al menos en mi caso.

Pescar erizos con un palo desde el espigón de la playa de Cadaqués es un recuerdo demasiado potente como para que no me golpee en los morros en cuanto me pongo a pensar que significa mediterráneamente. Eran los años 80, y ya sabemos que ahora sería imposible cometer semejante latrocinio normativo. Voltearlos con la caña y pincharlos para arrancárselos al mar. Los recuerdo destripados en aquel plato de cerámica, para nuestro goce supremo desde una terraza con vistas al pueblo más blanco de la costa catalana. Yodadamente insuperable.

Nunca hemos sido familia de paella en el chiringuito (aunque me gusta el arrastrar seseante de las chancletas rebozadas de arena sobre el suelo del oasis playero. Clap-clap-clap). Los sonidos son mediterráneamente importantes en esto de la memoria. Por ejemplo, la avioneta que tiraba aquellas pelotas Nivea: bendito y delicioso motor ronroneante. Aunque llevo clavado en mi corazón de Peter Pan que nunca me tocó ninguna de aquellas esferas mágicas.

También hay sonidos malditos claro, como la aspiración vacía de la caña cuando se termina el granizado. En esos días de cuarenta grados a la sombra, por Dios, suena a silicosis en el alma.

¿Y la esqueixada? No es un sonido, pero hace que suenen las campanas de la costa. ¡Me diréis que el bacalao suele venir de Islandia! No importa, porque tiene ADN mediterráneo a tope, la esqueixada. Con el bacalao bien deshilado, para que emulsione la gelatina con el aceite. Otro plato de infancia para golpear al cerebro reptil, bien duro al inconsciente emotivo. Eso siempre funciona.

Pero seamos serios y veamos lo que significa mediterráneamente hoy para mí. Ya no son los biquinis (Ohlalà!) ni los chapuzones irredentos al mediodía. Hoy vamos tempranito para aparcar bien y nos ponemos factor del chorrocientos -hay que protegerse, cariño-. Y sigue siendo vital y sigue siendo divertido. Y probablemente habremos buceado por internet un rato para encontrar algún restaurante de costa que nos haga ’tilín’. A las doce probablemente ya estemos hablando de lo que pediremos. Y es que me han dicho que hace unas frituras de pescado impresionantes. Las mejores de la zona, que la cocinera es de Málaga. Y que no sea muy caro, que hay mucha crisis.

Y claro, mediterráneamente también es ese niño con esa pelota inflable de Nivea ¿De dónde las sacan, si ya no hay aviones generosos? Te cae una vez en la cabeza y pase. Pero que cuando te salpica arena en el vaso te vuelves a acordar de Serrat: ‘Niño, deja ya de joder con la pelota’.

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